Alimentación y gastronomía

Abrir un restaurante ejecutivo parece simple cuando uno mira solo el plato del día. En la práctica, estás montando una operación que depende de previsibilidad en el almuerzo, rapidez en la atención, control del desperdicio y una cuenta que cierre con un ticket medio ajustado.
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Abrir un restaurante temático exige más que elegir un concepto bonito. Hay que validar si la propuesta aguanta la rutina operativa, si el tema ayuda a vender y si el ticket compensa la complejidad que genera.
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Abrir un restaurante tradicional exige decidir bien antes de firmar un contrato o comprar equipamiento. El tipo de cocina, el ritmo de atención y la dependencia del equipo hacen que este negocio parezca simple por fuera y complejo en la operación.
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Abrir un restaurante por kilo parece simple desde afuera, pero la decisión correcta depende de tres cosas que conviene tener claras antes de invertir: quién va a almorzar ahí, cómo vas a fijar el precio y cuántas comidas puede sostener la operación sin perder control. Si esas respuestas no están bien atadas, el negocio termina siendo una apuesta cara, incluso con movimiento en la puerta.
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